
Voy a confesar algo . De joven, yo era chanchullera. El chanchullo más gordo que hice y del que no sé como no me pescaron fue en la universidad.
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Siempre me gustó la gimnasia y soy muy aficionada a los deportes, así que cuando llegué a la facultad era de las pocas alumnas que iba siempre a clase de gimnasia ( la gimnasia entonces era una maría); pero surgió un problema, tengo vértigo y no resisto la más mínima altura así que era incapaz de subir por la cuerda. La profesora, una profesora de las de entonces, que sí , yo, que no, hasta que un día, muy comprensiva ella, me amenazó con que no me iba a firmar el acta y no me iba a poder sacar el título si no la subía, porque era imprescindible para un abogado saber subir la dichosa cuerda. Yo le contesté, respetuosamente, que no pensaba poner el bufete en la copa de un pino y me marché a buscar un médico.
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Ahí empezó el chanchullo, lié al pobre hombre con mucho teatro y muchas mentiras sobre síntomas indefinidos en mi espalda hasta que conseguí un certificado médico que decía que tenía una incapacidad para hacer gimnasia.
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Pero era la feliz novia de un forofo de los deportes que se pasaba los fines de semana jugando al frontón en el estadio de la juventud y como , por muy enamorada que una este, mirar durante tres horas como le da a la pelotita, cansa y aburre, me puse a correr por la pista de atletismo, con la suerte de que me vio el campeón de España de los 100 metros, que había abandonado el atletismo para acabar la carrera, y se ofreció a entrenarme.
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Conclusión, ese año participé en los juegos nacionales universitarios, con un magnifico certificado que me declaraba inútil para cualquier actividad física.
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Lo que declaro en este blog, por dos razones:
1.- Porque como delito ya habrá prescrito.
2.-Porque podré montarle el pollo a aquel de mis hijos que pille chanchulleando con más altura moral, porque me arrepiento mucho.
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P.D. En lo juegos hice más bien el ridículo, pero me lo pasé estupendamente entrenándome y fui muy popular entre mis colegas por la tomadura de pelo a la profesora, que era bastante bruja.