
Hoy, sábado, he tenido una experiencia tan gratificante que no tengo más remedio que compartirla. Vivo en un barrio de viejos, las casas son o muy caras, o muy antiguas, y en la parroquia eso se nota, para que os hagais una idea en la misa diaria cuando va un joven es "el joven" y si no, la más joven soy yo, con diferencia. Vamos , que entre todos los que estamos allí, de veinte a treinta, sumamos unos cinco mil años.
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Pero hoy he ído a Misa de 12 a Santa María de Caná, la catedral de Pozuelo como la llaman, la Iglesia de la foto, y me he quedado impactada. LLegué sobre las 11,30 y la iglesia estaba llena, había cuatro confesionarios con sacerdotes y cada uno con su cola correspondiente. A las doce ya no había un sitio vacío, abuelos, jovenes con libros y caras de sueño (fin de curso), padres con sus niños, todo tipo de gente. Entró el sacerdote, de unos treinta años como los de los confesionarios, rezó el Angelus y a continuación celebró la Misa sobriamente, sin guitarras, aplausos ni otros exotismos; a la hora de comulgar hicieron falta tres sacerdotes para repartir, y al final como era sábado, se rezó la salve.
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La iglesia tiene al final, en un lateral, una especie de pecera donde estaban los niños pequeñitos con sus madres o cuidadoras, no sé, pero si ví que , aunque les dejaban jugar, les enseñaban, y todos se arrodillaron en la Consagración y se dieron la paz.
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Y así es todos los dias de la semana, nunca he ído en domingo. Es un templo con silencio, se puede rezar con tranquilidad, y cuando se quiera, está abierto las veinticuatro horas. La parroquia es una parroquia con muchas inquietudes y muchas actividades. El parroco es un sacerdote de los que le llaman al pan, pan y al vino, vino, como uno que hay en la playa que cuando vió entrar a un monton de gente despues del Evangelio, al finalizar la Misa dijo: "para los que no han venido hoy y para los de la quinta fila, mañana la Misa es a la una".
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En resumen, he descubierto un templo donde, como dijo Teresa de Calcuta, aparte de hablar de Dios, se puede hablar tranquilamente con Dios, que es lo importante.