viernes, 13 de marzo de 2009

Tiendecita de barrio



Se llaman Ricardo y Sofia, son gallegos y tenían un super estrecho y largo con todo y bueno de alimentacion. Era el super del barrio.

.

Sofia estaba en la caja y me mandaba la factura semanal con notas como esta: "Dos donuts para su rapaz, el morenito, no le regañe, que es muy rico = X euros.

.

Ricardo despachaba y hablaba con todo el mundo, se sabía la vida y milagros del barrio, ponía en contacto a unos con otros con frases como: "este jamón es muy bueno, pruebelo, esta señora que tiene nueve hijos y vive enfrente se lo lleva siempre" y de ahí surgía, con suerte, una amistad.

.

Eran tenderos vocacionales. Te abrían la tienda a cualquier hora, allí te encontrabas con todos los vecinos, sabían los gustos de todos los clientes y, en parte participaban de sus vidas. Mis hijos medianos aun recuerdan las dos bolsas de chuches que les mandaron el día de su primera comunión.

.

El día del funeral de mi marido, cerraron, para asistir los dos.
.


Cuando quitaron la tienda para volver a Galicia , sus clientes les organizaron una cena de despedida, a la que fue todo el barrio.

.

Hoy compro en una gran superficie, acarreo paquetes de la estantería al carro, del carro a la cinta y otra vez al carro y luego al coche y después al ascensor y, ya deslomada, hasta la cocina.
.
En los paquetes de galletas siempre se quedan las ultimas, blandas, en los envases al vacío, la última loncha seca, y no se tiran,que a mi me educaron en que la comida no se tira, me lo como yo, que así me crío de hermosa.
.
A lo mejor me ahorro algo en la compra, pero ¡como añoro aquella tiendecita de mi barrio!




8 comentarios:

Luisa dijo...

Afortunada tu que la has tenido.Yo no las tengo ni las he tenido.Y claro la compra despersonalizada pierde mucho encanto y desde luego pesa mucho.

Los personajes de tu post además de ser tenderos de vocación debian ser personas de talla humana.

No digo yo que tu no seas simpática.No digo yo que tu no te hagas de querer.Pero desde luego eras un "objetivo" para cualquier tendero por la patulea de chiquillos hambrientos, que posiblemente dieron lugar a que estas personas pudieran ahorrar para retirarse placidamente a sus tierras.

El detallazo de cerrar la tienda para el día del funeral es muy significativo.Eso no lo hace cualquiera.

Bueno,que me esperan diez horas de guardia por delante me voy,que me lías.

Cecy dijo...

Cierto, recuerdo que siendo muy chica mi mamá iba de compras diarias a una tienda asi, como la describes.
Y ademas se sentia bien familiar.

Hoy los grandes mercados, son solo numeros las personas que pasan por el.

Besos.

Inés dijo...

Yo la carne la compro en mi carnicería de siempre.¡Son unos profesionales del trato!
Casi me hacen ellos el menú semanal y cada semana voy con papel y bolígrafo para apuntar sus recetas.¡Una maravilla!

Fernando dijo...

Sí, está muy bien reflejado, en las tiendas pequeñas hay una familiaridad que nunca habrá en las grandes, aunque te vendan más barato o abrán más horas. ¿Y qué decir de los chinos, que nunca sabes si ha cambiado el dependiente o es el del mes pasado?

Por desgracia, son estas pequeñas tiendas de barrio las que más están sufriendo la crisis, trituradas por los impuestos, la falta de ventas y la competencia de las grandes superficies, a las que tú te refieres.

AleMamá dijo...

¡Ay, sí! *suspiro*

pancho dijo...

Yo soy una de las que dejaban el donuts de chocolate a cuenta de mi madre... cómo los echo de menos yo también. Es un verdadera pena que ya no existan tiendas como estas. Cuando el gallego cerró la calle perdió todo el encanto que tenía...

Lola dijo...

Qué linda entrada!
Es muy lindo tener negocios así "de confianza" y para la alimentación mucho más. Pasa que ya nos estamos desacostumbrando casi del todo.

Igual en general, lamentablemnte está quedando muy poca gente que sepa antender una tienda, del rubro que sea, con ganas, en la que te sientas bien atendido...

Besos!

Laurita dijo...

Jeje, mi tía Julia (que en Gloria esté) tenía una tiendecita de barrio como la que tú describes, un pequeño despacho donde había de todo, desde pollos frescos y latas de todo tipo de conservas, hasta chucherías, material escolar y pastillas "okal". En su trastienda jugábamos mis primas y yo...¡la de regañinas que nos llevamos! Ése es uno de mis mejores recuerdos de infancia.

Besos.